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América Latina adopta la IA con rapidez pese a su baja inversión y dependencia tecnológica

América Latina adopta la IA con rapidez pese a su baja inversión y dependencia tecnológica

América Latina y el Caribe adopta rápido la IA generativa, pero necesita capacidad pública, infraestructura y gobernanza propia para evitar nuevas dependencias y desigualdades.

Resumen del artículo publicado en elpais.com y recomendado por Digital Skills Institute el 14 de agosto de 2026.

América Latina y el Caribe ya concentra entre el 15% y el 20% de las descargas globales de herramientas de inteligencia artificial generativa, pese a que su inversión en IA apenas representa el 1,12% del total mundial. En países como Perú, Chile, Costa Rica o Uruguay, el uso per cápita de estas plataformas supera incluso la media global. El dato revela una adopción acelerada, pero también una paradoja: la región utiliza intensamente una tecnología cuya infraestructura, financiación, capacidad computacional y gobernanza siguen dependiendo en gran medida de otros actores.

La inteligencia artificial se presenta como una nueva cuestión social porque altera la producción de valor económico, la organización del Estado, la prestación de servicios públicos, la distribución de información y las formas de ejercicio del poder. Sus promesas son tangibles: mayor eficiencia operativa, aumento de productividad, transformación sectorial y mejores servicios para la ciudadanía. En América Latina y el Caribe podría contribuir a superar problemas históricos como las brechas sociales, económicas y territoriales, la baja productividad, los servicios públicos fragmentados y las limitadas capacidades estatales.

Esa misma tecnología puede ampliar dependencias ya existentes si se despliega sin control democrático ni capacidad pública suficiente. Existe el riesgo de concentrar beneficios, precarizar empleos, erosionar la participación ciudadana y automatizar decisiones sin supervisión humana adecuada. La preocupación ética se vincula con la defensa de la dignidad humana frente a una posible “cultura del descarte”, advertida por el papa Francisco en 2024 ante líderes del G7. También aparece la advertencia del papa León XIV sobre las “nuevas esclavitudes digitales”, entendidas como relaciones de poder que profundizan desigualdades mediante el control tecnológico.

Los datos disponibles muestran que la rápida adopción regional descansa sobre bases frágiles. Aunque América Latina genera alrededor del 6,6% del PIB mundial, su peso en inversión global en inteligencia artificial es muy bajo. La capacidad computacional está concentrada, el talento especializado es escaso y vulnerable a la fuga, y persisten brechas en datos e interoperabilidad. Existen estrategias nacionales e iniciativas regulatorias, pero pocas cuentan con presupuestos suficientes, hojas de ruta operativas o mecanismos eficaces de implementación y evaluación.

La cuestión central no se limita a los valores que debe respetar la IA, sino que alcanza al control del cómputo, los datos, los modelos, la nube, los chips, los centros de datos, la energía y los estándares. Para la región existe un peligro concreto: quedar atrapada en una inteligencia artificial importada, regulada desde fuera, entrenada con datos ajenos y financiada como consumo tecnológico en vez de construirse como infraestructura para el desarrollo.

En los próximos años aparecerán varias tensiones decisivas. Una será regular sin capacidades reales o construir instituciones capaces de monitorear, auditar, comprar y corregir sistemas de IA. Otra consistirá en pasar de principios éticos generales a procedimientos concretos aplicables en licitaciones públicas, hospitales, juzgados, escuelas o ventanillas administrativas. También habrá que distinguir entre soberanía tecnológica plena y soberanía práctica: aunque muchos países no puedan entrenar modelos fundacionales propios, sí pueden desarrollar datos interoperables, cómputo accesible, talento local y capacidad estatal para evaluar lo que compran o despliegan.

La distribución de beneficios será otro punto sensible. La IA puede elevar la productividad regional, pero sus ventajas llegarán antes a quienes ya disponen de conectividad adecuada, educación y empleo formal. Sin políticas públicas ni regulación efectiva aumentarán las diferencias entre empresas grandes y pequeñas, territorios mejor conectados y zonas rezagadas, así como entre países con mayor o menor capacidad institucional.

América Latina y el Caribe cuenta con recursos relevantes para influir en debates globales: agua, biodiversidad, producción alimentaria capaz de cubrir necesidades de 1.300 millones de personas, minerales raros, talento humano y una matriz energética limpia. En inteligencia artificial necesita articular una agenda regional basada en infraestructura digital sostenible; datos seguros e interoperables; capacidades estatales para regular y auditar; formación y protección laboral; cooperación mediante estándares comunes; modelos abiertos; posiciones compartidas sobre derechos digitales; empleo digno; cómputo; gobernanza internacional.

Una reciente cumbre regional impulsó ese debate con el propósito de que América Latina y el Caribe deje de ser usuaria pasiva de tecnologías desarrolladas fuera y participe activamente en una gobernanza centrada en capacidades públicas derechos humanos desarrollo productivo democracia participación ciudadana paz responsabilidad institucional dignidad humana cooperación regional e inclusión social sostenible.

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