
La inteligencia artificial generativa eleva las exigencias de contratación: las empresas buscan expertos capaces de usarla con criterio y conocimiento profesional.
Resumen del artículo publicado en hbr.org y recomendado por Digital Skills Institute el 8 de septiembre de 2026.
La idea asentada de que la inteligencia artificial generativa sustituirá el conocimiento experto en los trabajadores del conocimiento queda puesta en duda. Lo que se plantea es distinto: estas herramientas están transformando lo que las empresas esperan de sus nuevas contrataciones, pero no porque hagan innecesaria la experiencia humana, sino porque elevan el nivel exigido. El dominio técnico, la capacidad de criterio y la comprensión profunda del trabajo siguen siendo necesarios, aunque ahora deben combinarse con una utilización habitual y eficaz de tecnologías generativas.
El cambio se observa con rapidez en los entornos laborales. Un directivo de un gran banco multinacional explicaba que, tres años antes, nadie en su departamento utilizaba herramientas de inteligencia artificial generativa. En la actualidad, según su testimonio, el 100% del departamento las emplea todos los días y durante varias horas diarias. Esa evolución ilustra hasta qué punto estas tecnologías han pasado de ser una novedad o un recurso experimental a integrarse en la actividad cotidiana de determinados equipos.
La transformación afecta especialmente al modo en que se conciben las capacidades de los trabajadores del conocimiento. Las empresas no parecen buscar perfiles menos cualificados porque existan herramientas capaces de redactar, analizar información o generar ideas preliminares. Al contrario, la presencia de la inteligencia artificial generativa hace que el listón suba: se espera que los profesionales sepan formular mejores preguntas, interpretar resultados, detectar errores y aplicar su experiencia para convertir las respuestas de la máquina en trabajo útil.
Una investigación centrada en tres sectores con un alto volumen de contratación permite observar esta tendencia desde la perspectiva del mercado laboral. Esos sectores se encuentran entre los que más reclutan trabajadores del conocimiento y sirven para analizar cómo cambian las expectativas empresariales ante la expansión de estas herramientas. El foco no está únicamente en si las organizaciones adoptan o no la inteligencia artificial generativa, sino en cómo esa adopción modifica las competencias consideradas valiosas al seleccionar nuevos empleados.
La consecuencia principal es una redefinición del talento buscado por las compañías. La familiaridad con la inteligencia artificial generativa empieza a formar parte del repertorio esperado, pero no como una habilidad aislada ni meramente instrumental. Su valor depende de estar apoyada en conocimientos sólidos del área profesional correspondiente. Un empleado capaz de usar estas herramientas sin entender bien el contenido sobre el que trabaja puede producir resultados deficientes o engañosos; uno con experiencia puede aprovecharlas para acelerar tareas, ampliar análisis y mejorar procesos.
La incorporación masiva de estas tecnologías también repercute en la gestión del talento y en el desarrollo profesional dentro de las organizaciones. Si el uso diario se convierte en norma, las empresas deben revisar cómo forman a sus equipos y qué competencias fomentan entre quienes ya están contratados. La adaptación no consiste solo en enseñar a manejar una herramienta concreta, sino en preparar a los empleados para trabajar con sistemas capaces de generar contenido y apoyar decisiones sin delegar por completo el juicio profesional.
El mensaje central es que la inteligencia artificial generativa cambia las reglas de contratación al aumentar las expectativas sobre los candidatos. La ventaja ya no reside únicamente en conocer una materia ni únicamente en saber utilizar una tecnología nueva, sino en combinar ambas dimensiones para producir mejores resultados en entornos donde estas herramientas forman parte ordinaria del trabajo diario.