
La IA ya está cambiando el trabajo sin que muchos empleados reciban orientación. Las empresas deben aprovecharla para rediseñar tareas, decisiones y equipos, en vez de limitarse a automatizar puestos.
Resumen del artículo publicado en news.sap.com y recomendado por Digital Skills Institute el 2 de noviembre de 2026.
Para quienes trabajan con inteligencia artificial, el cambio inmediato es que sus tareas y responsabilidades ya se están ampliando, a menudo sin una orientación clara. El 88 % de los empleados afirma que su puesto ha cambiado por la IA, pero la mitad de esos cambios se produjo sin indicaciones significativas de sus responsables o de la organización. Entre el 55 % y el 70 % tampoco ha recibido directrices claras sobre los cambios laborales que se esperan de ellos.
La respuesta empresarial se concentra por ahora en ahorrar tiempo, reducir costes y aumentar la producción, resultados fáciles de medir. El riesgo es emplear la capacidad liberada para hacer más trabajo del mismo tipo en lugar de replantear cómo colaboran las personas y la IA. Un 72 % de los altos directivos considera que muchas organizaciones que dicen transformar el trabajo están, en realidad, acelerando la automatización de los puestos existentes.
Para orientar ese replanteamiento se plantean seis cambios: aplicar la especialización a problemas más variados; sustituir puestos fijos por funciones adaptables; reducir niveles de coordinación para acercar a más personas al trabajo principal; evaluar el impacto en vez del volumen producido; trasladar las decisiones a los equipos con conocimiento directo, y dar a cada empleado mayor responsabilidad sobre su desarrollo. En un experimento, las decisiones descentralizadas elevaron un 77 % la autonomía percibida, mientras que las funciones dinámicas se consideraron un 49 % más exigentes que los puestos estáticos.
Recursos Humanos también tendría que cambiar. Los directivos calculan que en cinco años se automatizará por completo el 49 % de sus tareas, frente al 35 % del trabajo empresarial en conjunto. Esa capacidad podría destinarse a rediseñar tareas y equipos para integrar a personas e IA, además de revisar la contratación, el desarrollo profesional y las recompensas. El 75 % de los directivos cree que adaptarse a la IA exige renovar la forma de medir, recompensar y desarrollar a los empleados.