
Una dirección cohesionada, que actúa con criterios comunes y explica el rumbo de la empresa, favorece la confianza, la implicación y la permanencia de los empleados.
Resumen del artículo publicado en gallup.com y recomendado por Digital Skills Institute el 25 de octubre de 2026.
En mayo de 2026, solo el 20 % de los empleados estadounidenses afirmaba confiar plenamente en la dirección de su organización. En agosto de 2025, apenas el 16 % decía que sus dirigentes le hacían sentir entusiasmo por el futuro. La confianza y la capacidad de explicar hacia dónde se dirige la empresa influyen en la relación de los trabajadores con ella.
Una dirección cohesionada comparte criterios sobre la misión, la estrategia y los valores de la organización, y los traslada a las decisiones, las prioridades comunicadas a los equipos y la rendición de cuentas. La descoordinación suele hacerse más visible durante los cambios o cuando aumenta la complejidad. Puede deberse a expectativas poco claras sobre cómo actuar, falta de espacios para resolver desacuerdos, criterios de responsabilidad aplicados de forma desigual o relevos frecuentes en los cargos directivos. Sus señales incluyen instrucciones contradictorias para los mandos intermedios y diferencias entre lo que los dirigentes dicen y hacen.
Entre los empleados estadounidenses que confían plenamente en sus dirigentes, la probabilidad de estar implicados en el trabajo es 3,7 veces mayor. Quienes consideran que sus responsables les ayudan a entender cómo afectarán los cambios actuales al futuro de la organización tienen una probabilidad 5,8 veces mayor de sentirse vinculados a su cultura. Esa vinculación se asocia con mayor permanencia e implicación y con menor agotamiento.
Para mejorar la coordinación se plantea identificar las fortalezas individuales de los dirigentes mediante CliftonStrengths y darles un lenguaje común para comprender cómo trabaja cada uno y dónde pueden surgir fricciones. Los informes individuales permiten reconocer capacidades complementarias; después, esas fortalezas se relacionan con las prioridades estratégicas y se trasladan al desarrollo de los mandos mediante herramientas adaptadas a la organización. La eficacia de estas prácticas puede medirse mediante indicadores de resultados empresariales, implicación y cultura laboral.