
UX sigue siendo la denominación más reconocida para este campo, pese a la ambigüedad de etiquetas; el reto está en demostrar mejor su valor dentro de los equipos.
Resumen del artículo publicado en nngroup.com y recomendado por Digital Skills Institute el 25 de septiembre de 2026.
El 70% de los profesionales tecnológicos y de diseño consultados recurrió a términos vinculados a UX para describir un trabajo centrado en comprender necesidades humanas y convertir esos hallazgos en recomendaciones para crear o mejorar productos y servicios. La etiqueta “UX” apareció en el 47,8% de las respuestas, muy por encima de cualquier alternativa. Las denominaciones que a menudo se plantean como posibles sustitutas, como “experience design” o “human-centered design”, apenas tuvieron presencia: solo cuatro respuestas incluyeron “experience design” y cinco incorporaron la palabra “human”.
La discusión sobre cómo nombrar este campo surge en un contexto de despidos, presupuestos más ajustados y presión creciente para demostrar el valor del trabajo de UX. La terminología ha cambiado con el tiempo. En una etapa anterior se hablaba más de “usabilidad”, centrada en si las personas podían utilizar un sistema con eficacia y eficiencia. Después ganó peso el “diseño centrado en el usuario”, asociado a tomar decisiones de diseño a partir del conocimiento de necesidades, tareas y contextos mediante investigación y evaluación iterativa. Más tarde apareció “diseño centrado en las personas”, junto con el concepto más amplio de “experiencia de usuario”, que incorporaba percepciones, emociones e interacciones globales con productos u organizaciones.
La convivencia entre etiquetas ha aumentado la ambigüedad. Desde ámbitos como el marketing y la atención al cliente se popularizó “customer experience”, a veces usado casi como equivalente a UX pese a tener matices distintos. Algunas organizaciones han adoptado simplemente “diseño” como paraguas, mientras otras emplean “experience design” para sugerir un alcance que supera interfaces o productos concretos. A la vez, los límites profesionales se han vuelto menos nítidos: responsables de producto participan más en investigación y diseño, la investigación se ha democratizado dentro de los equipos y las herramientas de inteligencia artificial facilitan que perfiles ajenos a UX redacten planes de investigación, generen ideas de interfaz, analicen comentarios o produzcan artefactos de diseño.
Para observar qué término surgía de manera espontánea, se encuestó en abril de 2026 a 604 profesionales tecnológicos y de diseño de distintos países. La pregunta evitó mencionar UX: se presentó una definición del trabajo consistente en reunir información sobre necesidades y experiencias de las personas y transformarla en recomendaciones para planificar, construir y mejorar productos o servicios. Después se pidió nombrar un único campo o disciplina. Las respuestas formuladas como cargos se normalizaron al campo correspondiente; por ejemplo, “UX researcher” pasó a codificarse como “UX research”. Como algunas personas incluyeron más de una etiqueta, el análisis se hizo mediante palabras clave.
Las respuestas alejadas del vocabulario UX fueron muy variadas y no apuntaron hacia una alternativa dominante. Aparecieron fórmulas como “consumer-behavior research”, “digital-experience strategy”, “journey management”, “service-design research” o “human-centered design research”. También surgieron categorías relacionadas con análisis empresarial, requisitos, mercado, cliente, diseño, factores humanos, interacción persona-ordenador, producto, investigación y estrategia. Esa dispersión indica que ningún nombre alternativo ha alcanzado un reconocimiento compartido comparable al de UX.
La función profesional influyó en la elección del término. Un 12% del total utilizó la palabra “product”, pero el porcentaje subió al 38% entre product managers y al 27% entre product designers, frente al 10% entre profesionales de UX; la diferencia fue estadísticamente significativa. Algo similar ocurrió con “customer”: lo usó el 2,65% del conjunto, pero llegó al 18,18% entre profesionales de customer insights y bajó al 0,50% entre perfiles UX.
Los datos no prueban que UX sea la denominación más clara posible ni que explique mejor todo el alcance del trabajo. Sí muestran que cambiar ahora el nombre general del campo no parece justificado si se atiende al reconocimiento espontáneo entre profesionales. El reto principal no estaría tanto en encontrar una nueva etiqueta como en hacer visible qué aporta este tipo de trabajo: reducir incertidumbre, detectar necesidades no cubiertas, evitar rehacer soluciones costosas, identificar problemas de accesibilidad y mejorar la calidad de lo que los equipos entregan.